Año Nuevo Andino 5527, celebración 28

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Hace 5.527 años en los Andes no había ni aimaras ni incas y, al parecer, tampoco había tiahuanacotas. Sin embargo, este 21 de junio se celebrará el 5.527 Año Nuevo no solo andino, sino “amazónico y del Chaco”.

En los justificativos no cuadran los calendarios ni los cálculos ni las culturas ni las geografías. Pero, esta extraña memoria ya ha inspirado la emergencia de 223 “sitios sagrados” donde se aguardará, entre fuegos, inciensos, música y sabores, el inicio del “Wilka Kuti” o año nuevo en aimara.

Hay estudiosos que aseguran que celebrar así no está mal en tiempos del mercadeo, sea turístico sea electoral, y del “neo-neo liberalismo”. Pero que, eso sí, el valor y sentido históricos quedan muy devaluados.

Es más, según los propios interesados, esta celebración incluso debilita el trabajo que sondea en la memoria ancestral y sus ciclos. Todos, desde diversas perspectivas y posturas, cuestionan la conducta de quienes, hace cerca de tres décadas, a mitad de año, empezaron a festejar un nuevo año.

Si de hechos constatados se trata, la celebración del 5527 Año Nuevo Andino–Amazónico y del Chaco este 2019 gregoriano cumplirá 28 años.

Inicialmente solo se lo denominaba Año Nuevo Aimara. Son señalados como autores de aquella iniciativa el exdiputado e historiador aimara Germán Choquehuanca y el médico naturista Rufino Phaxsi. Un emprendimiento que inició bajo intensa polémica y más de un conflicto interno.

“A fines de los años 70 me nació la preocupación de retomar y reconstituir el Intiraymi (celebración al dios Inti o del sol) como el Año Nuevo del Tawantinsuyu -reconoce Choquehuanca-. Buscaba una actitud de recibimiento ritual al tata Inti en Tiahuanaco. Para dicho cometido era importante reestructurar el calendario Mara Wata (ciclo de movimiento de la Tierra al sol) de 13 meses, labor que yo ya lo había iniciado desde 1976. Este empeño posibilitó que en 1978 y 1979 tuviera los primeros borradores. Nadie creyó que se podía rescatar el Intiraymi”.

Choquehuanca, quien se hace llamar “Inka Waskar Chukiwanka”, añade que en 1980 hizo conocer su calendario a docentes y estudiantes aimaras de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz.

Asegura además que propuso cambiar los nombres provenientes del santoral católico por los propios indígenas. Según el relato, entonces se formó un grupo académico que se dedicó a concretar la iniciativa.

Choquehuanca recuerda, entre otros, a Moisés Calliconde, Valentín Mamani, Ramón Conde, Ruth Flores, Felipe Santos Quispe, Doly, Esteban Nina, Roberto Tambo, Sebastián Mamani, Javier Condoreno y Moisés Gutiérrez.

“La otra actividad importante que debía emprenderse era la visita a lugares sagrados para el recibimiento del Año Nuevo del Tawantinsuyu -cita el exdiputado-. Uno de esos lugares sagrados era Tiahuanaco. Ello puesto que en el pasado constituyó el centro donde nuestros abuelos se reunían para esperar con mucha unción los rayos del sol y alimentarse de su energía la mañana del 21 de junio. Esa actividad la reemprendí en 1979, cuando viajé a Tiahuanaco para diagnosticar la conciencia que tenían nuestros hermanos sobre el Intiraymi. Llegué al pueblo para proponer la práctica del recibimiento del tata Inti el 21 de junio; sin embargo, los vecinos me rechazaron y hasta me llamaron ‘diablo’”.

Los esfuerzos de Choquehuanca solo tuvieron éxito cuando se contactó con Phaxsi, quien tenía una iniciativa similar y cuando otro tipo de escenario político se configuró en Bolivia.

Llegó 1991, tiempo en que se intensificó el “culturalismo” ante la proximidad de la conmemoración de los 500 años de la invasión española a América.

Fue entonces cuando los aimaras del poblado aledaño a las ruinas de la mítica ciudadela de Tiahuanaco, bajo la influencia de Phaxsi, aceptaron la idea. Y ese 21 de junio, de manera casi inadvertida, iniciaron las celebraciones del Wilka Kuti o “el retorno del sol”.

Otros tiempos

Veintiocho años después los anuncios llegan desde el pleno eje del poder político boliviano. “El presidente Evo recibirá el 21 de junio el Año Nuevo Andino Amazónico y del Chaco 5527 en Tiahuanaco -anunció el miércoles 4 el canciller Diego Pary-. Las autoridades -de Tiahuanaco- llegaron a la plaza Murillo para invitar al presidente, a toda la comunidad internacional y nacional a participar de este acontecimiento”.

Por su parte, Octavio Quispe, alcalde de Tiahuanaco destacó la asistencia del mandatario al recibimiento de los primeros rayos del sol del 21 junio.

“Tiahuanaco siempre ha sido el centro energético -explicó-. Siempre ha estado al lado del hermano presidente conjuntamente con las autoridades políticas, con las autoridades originarias (…). Para nosotros es un ícono, nuestro guía, incluso diría yo, espiritual, es un hermano mayor para nosotros”.

En suma, un presidente de raíces aimaras liderará la celebración del Año Nuevo, inicialmente denominado aimara. Será recibido por un alcalde aimara de una población aimara. Población que hace algo más de dos décadas decidió recuperar la memoria ancestral gracias a los esfuerzos de un historiador y otros intelectuales también aimaras. Algo que, al parecer, no caería bien a sus ancestros.

“No es coherente -dice el historiador Alexis Pérez-. En primer lugar, los aimaras llegaron a Tiahuanaco el año 1.200 después de Cristo, por Copiapó -hoy Chile- y arrasaron con los tiahuanacotas. O sea, de ellos solo se puede hablar desde ese tiempo de los 5.000 años. Es algo totalmente a-histórico. (…) Quienes sí celebraban los ciclos agrícolas, el Intiraymi, fueron los incas, pero ellos justo surgieron de la diáspora que huyó hacia el norte del lago Titicaca, luego de que los aimaras arrasaban con todo”.

Pérez destaca que la etnia aimara no dejó memoria de celebraciones ni tenía tradiciones que señalen la acumulación o registro de años.

“Ni siquiera en los tiempos de la Revolución Nacional y las sublevaciones había práctica alguna que se le pareciera a esta celebración”, añade.

Con Pérez coincide el arqueólogo Jedu Sagárnaga. “Las crónicas no hablan del Año Nuevo Aimara. Los ancianos del altiplano con los que he conversado dicen que en su niñez y juventud jamás hicieron una ceremonia para celebrar algo así, cuyo concepto es, más bien, occidental”.

El arqueólogo añade: “Serán unos 25 años que algunas agencias de turismo y algunos llamados ‘sacerdotes andinos’ se inventaron la celebración en Tiahuanaco, y de allí saltó a muchos lugares, el valle como el oriente. Luego el Gobierno señaló que es el Año Nuevo Andino Amazónico, toda una parodia. Como imaginario colectivo, no es tan negativo. De alguna manera llama la atención de propios y extraños sobre nuestro patrimonio. Quizás incentiva el turismo, aunque tengo mis dudas”.

El apunte

Observaciones a la celebración

Y las observaciones lapidarias a la celebración llegaron a más, incluso al nivel de trabajos de tesis. Dos sociólogas de la UMSA, Sandra Cáceres, primero, y Elizabeth Andia, luego, indagaron sobre la naturaleza “inventada” de esta tradición.

La investigación de Andia se inspiró también en un trabajo pionero de Tomás Huanca sobre “El yatiri en la comunidad aymara”.

Sobre este telón de fondo, Andia enfoca su mirada en la construcción de la identidad de los protagonistas centrales del acto desde 1991: el Consejo de Amawt’as de Tiahuanaco. Allí advierte que el Año Nuevo Aimara fue “inventado” bajo la iniciativa del naturista aimara Rufino Phaxsi, comunario de Wanqullu, en 1979.

La socióloga cita una progresiva sucesión de caminatas, vigilias, ceremonias y protagonismos mediáticos que derivaron incluso en conflictos por intereses económicos entre la población local y Phaxsi.

La obra de Andia se cristalizó en un libro prologado por la reconocida investigadora Silvia Rivera Cusicanquí.

Allí Rivera concluye: “¿Cuál es el sentido de esta invención? Sin duda, ella se produce en un contexto de intenso debate y controversia en torno a los significados políticos de cada acto, de cada elemento ritual, de cada mensaje.

Fecha de Publicación: 22 jun 2019
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