Galeria - Instituto de Investigaciones Sociológicas “Mauricio Lefebvre”

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¿CÓMO VIVE LA POBREZA MI CIUDAD? DEPENDENCIA GENERACIONAL

OCULTA EN CIUDAD SATÉLITE[1]    

Wilson Iván Blanco Cabezas[2]

 

Introducción

Cuando se habla de pobreza, se piensa a menudo en la escasez de ingresos  económicos, de vivienda o de alimentación. Sin embargo, la pobreza puede tener otras formas de mostrarse más allá del tema económico, de vivienda o de alimentación. En El Alto, durante los últimos años se han producido importantes transformaciones económicas y sociales que muestran nuevas formas de definir lo que se entiende por pobreza.

Este ensayo describe la zona de Ciudad Satélite, ubicada en la ciudad de El Alto, que es un mirador y –la que considero– una  bisagra perfecta, entre la “meseta alteña” y la “hoyada paceña”. Esta zona fue por mucho tiempo considerada por muchos habitantes como un espacio residencial dentro de la ciudad y catalogada como “la Zona Sur de El Alto”. La manera como fue progresando y aprovechando su ubicación estratégica y privilegiada ayuda a la construcción de una identidad diferenciada respecto de otras zonas alteñas. Sin embargo, la migración de los vecinos en estos últimos años hacia la ciudad de La Paz y la presencia de nuevos vecinos refleja un cambio de capital social y cultural de los habitantes de esta zona.

La pobreza no puede entenderse únicamente como una carencia económica, sino que también  puede hablarse de una pobreza social y cultural. En este ensayo se utilizó la metodología cualitativa. Por un lado, me apoyé en la observación participante prolongada, aprovechando la experiencia residencial de larga data en Ciudad Satélite –considerando que soy vecino de la zona desde el nacimiento –. Por otro lado, realicé una entrevista a un vecino de 96 años que es fundador de Ciudad Satélite (su nombre ha sido modificado mediante seudónimo a petición suya para resguardar su anonimato). Esta información permitirá contrastar las transformaciones urbanas y sociales de la zona, identificando, en primer lugar, que algunos de los herederos de los vecinos fundadores que se quedaron a vivir en la zona caen en la dependencia económica familiar, lo que genera un desajuste generacional que apoya mi idea de pobreza cultural y social, aun cuando existan recursos económicos o un patrimonio heredado. Para desarrollar esta idea, primero se hablará de la formación histórica de Ciudad Satélite y la construcción de una identidad residencial de los vecinos fundadores, que logran formar de alguna manera un prestigio social y cultural. En segundo lugar, se analizarán los cambios generados por la llegada de nuevos vecinos vinculados al comercio —con capital económico consolidado y capital cultural y social en ascenso— que buscan consolidar un capital simbólico, frente a las limitaciones de algunas de las nuevas generaciones de los vecinos fundadores —con capital económico heredado y capital cultural y social carente, indispensable para una inserción laboral autónoma y competitiva–, quienes terminan reproduciendo una pobreza social y cultural basada en la dependencia familiar.

 

La formación de Ciudad Satélite y la construcción de una identidad residencial

En primer lugar, Ciudad Satélite pasó de ser un mirador frío en los años sesenta, donde solo vivían obreros fabriles, maestros, empleados bancarios y mineros retirados o exiliados por las dictaduras militares de los años sesenta y setenta, a volverse un territorio considerado como “jailón”[3] –por vecinos de otras zonas de El Alto–. Esto se debe a que, en el transcurso de los años, se comenzó a poblar de cines, hipermercados y restaurantes que instalaron un estilo de vida que puede compararse con el de la zona Central de la ciudad de La Paz. Se instalaron más adelante centros comerciales, espacios de entretenimiento y unidades educativas que contribuyeron a identificar a la zona como la de mayor plusvalía. Todo esto la llevó a diferenciarse respecto de otros barrios de la ciudad de El Alto.

A su vez, en este proceso, muchos vecinos desarrollaron una percepción de pertenencia a un espacio social privilegiado. Así, Ciudad Satélite se convirtió en una zona de prestigio y distinción frente a otras de la ciudad de El Alto. Guillermo, vecino fundador de la zona, recuerda que la zona fue la primera en tener unidades educativas en la ciudad de El Alto y que años atrás se llevaron a cabo prácticas de diferenciación social como el solsticio de invierno, que se celebraba, en un inicio, en la plaza principal de ciudad satélite, El Tinku, para luego trasladarse a la Ceja de El Alto. En la actualidad, esto se manifiesta en prácticas como la celebración de fiestas de disfraces previas a Halloween en la avenida Satélite, que es la avenida principal de esta zona, Allí, familias y comercios locales interactúan, atrayendo incluso a vecinos de otras zonas de El Alto. Prácticas urbanas de este tipo en Ciudad Satélite muestran cómo la zona tiene un nivel de distinción y jerarquía basada en el ámbito cultural.

La identidad construida por algunos habitantes de Ciudad Satélite también puede analizarse desde el punto de vista de Pierre Bourdieu Bourdieu, 1983/2001; 1987), si bien este autor no aborda de forma exclusiva el fenómeno de la pobreza, que explica cómo las posiciones sociales dependen de la acumulación de distintas estructuras de poder: el capital económico, el capital cultural y el capital social, los cuales pueden expresarse en una cuarta forma, el capital simbólico, al manifestarse en reconocimiento dentro de un campo específico. Esta forma de clase y estilo de vida me hizo reflexionar sobre mi zona y sobre cómo algunos sectores de Ciudad Satélite lograron consolidar no solamente capital económico, sino además un fuerte capital cultural expresado en el nivel educativo alcanzado, los hábitos y las formas de comportamiento consideradas socialmente sofisticadas. Asimismo, desarrollaron capital social mediante redes de contacto familiares y comunitarias que reforzaron su posición dentro del espacio urbano. Éstos dos últimos capitales mencionados constituyeron los principales elementos de diferenciación y distinción frente a otros sectores de la ciudad de El Alto.

Sin embargo, en los últimos años, la zona empezó a tener grandes transformaciones. Por un lado, muchos vecinos fundadores de la zona vendieron sus inmuebles o se trasladaron hacia la “Hoyada” (ciudad de La Paz) porque fueron adquiriendo mayor capital económico, social y cultural, lo que provocó que el vecindario fuera perdiendo parte de ese capital acumulado. Por otro lado, de forma simultánea, se produjo un relevo poblacional: familias vinculadas al comercio mayorista y actividades económicas desarrolladas principalmente en la zona 16 de Julio adquirieron dichas propiedades y se establecieron en Ciudad Satélite. Este doble movimiento modificó de manera gradual las relaciones sociales entre los vecinos de la zona. Para este caso (Lewis, 2010)  señala:

Pero la pobreza en las naciones modernas es asunto muy diferente. Sugiere antagonismos de clases, problemas sociales y necesidades de cambios; frecuentemente es interpretada en esta forma por los mismos sujetos de estudio. La pobreza viene a ser el factor dinámico que afecta la participación en la esfera de la cultura nacional creando una subcultura por sí misma (p. 17).

A partir de este concepto, comprendemos que la pobreza no constituye únicamente una condición económica, es decir, la falta de dinero, sino que tiene consecuencias sociales y culturales que afectan la participación de los individuos dentro de una determinada zona dentro de la sociedad. En consecuencia, los cambios económicos generan también cambios en las formas de integración, exclusión y reconocimiento social, como sucede en el caso de Ciudad Satélite.

 

La llegada de nuevos actores económicos y la dependencia generacional

La incorporación de nuevos habitantes vinculados al comercio, sobre todo informal, produjo cambios significativos en las dinámicas sociales de Ciudad Satélite. Estos nuevos vecinos destacan principalmente por su capital económico, mientras que la acumulación de su capital cultural y social se encuentra en un proceso de movilidad ascendente, impulsado fundamentalmente a través de la educación de sus descendientes. Históricamente, el prestigio social de Ciudad Satélite fue construido por los vecinos fundadores, cuya posición se respalda en capital económico, una trayectoria familiar –capital social–  en la zona que se apoyaba en un acumulado capital cultural y simbólico. Sin embargo, a medida que los vecinos fundadores migran, el dinamismo de los nuevos vecinos impone una reconfiguración de las jerarquías locales, donde el capital económico pasa a ocupar un lugar superior en la legitimación del estatus vecinal, desplazando el antiguo capital simbólico formado por los vecinos fundadores.

En esta investigación fue posible identificar de manera precisa que algunos vecinos fundadores de la zona experimentan malestar e impotencia al momento de intentar insertar a sus herederos y a sus nuevas generaciones al mercado laboral de manera estable. En este caso observamos, cómo algunos jóvenes permanecen dependiendo económicamente de padres o abuelos, pese a encontrarse en edad laboral. Esta situación no necesariamente responde a la ausencia total de recursos económicos, sino a una posición de comodidad familiar y a la falta de fuentes de trabajo frente a las dificultades para desarrollar su formación en educación superior para ser profesionales. Al respecto, Simmel (2002) señala:

Toda la relación entre deberes y derechos pasa, por decirlo así, por encima del pobre. El derecho que corresponde a aquel deber del Estado no es el suyo, no es el derecho del pobre, sino el derecho que tiene todo ciudadano a que la contribución que paga para los pobres se eleve en tal cuantía y se aplique de tal modo que los fines públicos de la asistencia a los pobres sean realmente conseguidos. Por consiguientes, en caso de insuficiente asistencia, no sería el pobre el que tendría acción contra el Estado, sino los demás elementos indirectamente dañados por tal descuido (p. 224).

Entonces para Simmel (2002), la pobreza no se define solamente por la carencia económica: más bien el pobre es quien entra en una relación social de dependencia o asistencia respecto de la comunidad. Este aspecto se ve apoyado con la pregunta ¿cómo se vive la pobreza en mi ciudad? La explicación de Giddens (2014), "es imposible ofrecer un perfil que describa a ‘los pobres’; el rostro de la pobreza es diverso y siempre cambiante” (p. 524) permite entender que la pobreza no debe definirse exclusivamente por la falta de dinero, sino por la dinámica relacional de dependencia. Si bien en la teoría de Simmel (2002) dicha asistencia se orienta hacia el ámbito público o comunitario, al trasladar este análisis al contexto de Ciudad Satélite, esta relación se reconfigura en el sostén intergeneracional intrafamiliar, donde algunos de los jóvenes dependen de manera prolongada del apoyo económico de sus padres o abuelos y, por tal motivo, omiten elevar su capital cultural, social y simbólico. Desde esta perspectiva, la pobreza aparece vinculada a una forma específica de integración social –la falta de capital cultural, social y simbólico– caracterizada por la necesidad de este apoyo económico permanente, demostrando que la seguridad material heredada no garantiza la acumulación de capital cultural, social y simbólico.

Esta idea permite interpretar, con base en la observación participante prolongada, que en Ciudad Satélite determinadas familias poseen viviendas, patrimonio o ingresos provenientes del trabajo asalariado o alquileres, entre otros, y que sus miembros más jóvenes que se encuentran en edad laboral continúan dependiendo económicamente de generaciones anteriores para sostener sus condiciones de vida. Por esto, la existencia de recursos económicos no elimina necesariamente la carencia de capital cultural y social de estos jóvenes.

A partir de las nociones sobre las formas de capital en la obra de Pierre Bourdieu (1983/2001; 1987), esta situación de dependencia familiar y la falta de inserción laboral en las nuevas generaciones de los vecinos fundadores de Ciudad Satélite puede analizarse como una carencia de capital cultural y social. La ausencia de estudios superiores o de procesos continuos de formación reduce las oportunidades de inserción laboral de las nuevas generaciones de los vecinos fundadores que quedaron en Ciudad Satélite.  Del mismo modo, la falta de contactos limita el acceso a mejores oportunidades económicas y ocupacionales que permitan alcanzar un mayor capital social o cultural. Esta situación aparece particularmente en algunos jóvenes que se dedican al comercio minorista informal sin perspectivas claras de movilidad social.

La entrevista realizada al vecino fundador permitió precisar este fenómeno empíricamente. El entrevistado señaló que continúa sosteniendo económicamente a algunos de sus descendientes, bajo la expectativa de que estos hereden la propiedad familiar para explotarla mediante alquileres y asegurar así una fuente de ingresos futura. Esta situación evidencia una dinámica de dependencia intergeneracional orientada a garantizar la subsistencia de los herederos. En contraste, las nuevas generaciones de los nuevos vecinos complementan su sólido capital económico con estudios técnicos o universitarios de nivel superior, fortaleciendo de manera paralela su capital cultural y social.

En este sentido, resulta pertinente considerar lo expuesto por Giddens (2014):

Pero la exclusión social no se produce sólo porque las personas sean excluidas; también puede provenir de que algunas personas se autoexcluyan de ciertos aspectos de la sociedad mayoritaria. Los individuos pueden decidir abandonar su educación, rechazar un posible empleo y ser económicamente inactivos, o abstenerse de votar en las elecciones políticas. Al considerar el fenómeno de la exclusión social, debemos una vez más ser conscientes de la interacción que se produce entre las acciones y responsabilidades humanas, por un lado, y el papel de las fuerzas sociales a la hora de configurar las circunstancias personales, por el otro (p.532).

El autor menciona que sí pueden existir barreras como la pobreza, la discriminación o la falta de oportunidades como agentes externos a la voluntad de un individuo. Pero lo cierto es que también algunas personas, por decisión propia, dejan de participar en ciertos ámbitos sociales –lo que el autor describe como autoexclusión–. Como ejemplos menciona el abandonar los estudios, rechazar un empleo o no querer buscar trabajo. Las personas actúan y toman decisiones, pero esas decisiones ocurren dentro de un contexto social que puede facilitar o limitar sus oportunidades y puede generar una pobreza social o cultural por culpa de un individuo. A esto se suma que, a la fecha, la plusvalía de la Zona Ciudad Satélite bajó en la medida de que existen nuevas zonas de la misma ciudad que cuentan con mayor plusvalía, como la zona 16 de Julio o la zona Villa Dolores, donde se encuentra la Ceja de El Alto o la Zona 12 de Octubre, cerca del Tribunal de Justicia de El Alto, con bienes inmuebles que, a la fecha, superan en costo a los inmuebles de Ciudad Satélite.

 

Conclusiones

Se puede concluir que la pobreza es un fenómeno social más complejo; no se limita a la falta de ingresos económicos o de capital económico. A través de la observación participante prolongada en Ciudad Satélite y de la entrevista realizada a un vecino fundador, se pudo identificar aspectos que muestran cómo ciertas formas de dependencia pueden generar la falta de capital social y cultural que derivarían en una pobreza social y cultural.

Por una parte, la historia de Ciudad Satélite permite comprender, al inicio, una identidad asociada al prestigio, que ayudó a consolidar un nivel superior de capital social y cultural frente a otras zonas de la ciudad de El Alto. Por otra parte, años después, el  proceso de migración y la llegada de nuevos grupos sociales modificaron el capital social y cultural de la zona y comenzaron a tomar relevancia otras formas de acumulación de prestigio, como el capital económico.

También la entrevista realizada muestra la existencia de limitaciones relacionadas con el capital cultural y social de descendientes de un vecino fundador de ciudad satélite. Estas situaciones no implican necesariamente pobreza económica, pero muestran formas de dependencia familiar que dificultan la libertad de una persona y podrían generar a largo plazo pobreza cultural y social.

Asimismo, la observación realizada a la zona permite distinguir dos formas diferentes de acumulación de capital. Por un lado, los vecinos fundadores construyeron históricamente una posición de prestigio basada principalmente en el capital cultural y social. Por otro lado, los nuevos vecinos le dan mayor relevancia al capital económico proveniente de sus actividades comerciales, y progresivamente se ve que van adquiriendo formas de capital social y cultural a través de la educación de sus hijos. Esto muestra los cambios sociales que actualmente experimenta mi zona.

La experiencia de Ciudad Satélite es una muestra de que la pobreza puede manifestarse de maneras diversas y que su comprensión requiere considerar no solamente los ingresos económicos; también es importante considerar las relaciones sociales y la formación académica de una persona para identificarla.

 

Referencias

Bourdieu, P. (2001). Las formas del capital. Capital económico, capital cultural y capital social. En Poder, derecho y clases sociales (M. J.  Bernuz Benítez, trad.; 2a ed.; pp. 131-164).  Desclée de Brouwer, S.A. (Obra original publicada en 1983).

Bourdieu, P. (1987). Los tres estados del capital cultural (Trad. M. Landesmann). Sociológica, 2(5), 11-17. https://sociologicamexico.azc.uam.mx/index.php/sociologica/article/

Giddens, A. (2014). Sociología (F. Muñoz de Bustillo, trad.; 6a ed.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 2009).

Lewis, O. (2010). Antropología de la pobreza (E. Sánchez, Trad.; 24a ed.). Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1961).

Simmel, G. (2002). On individual and social forms [Sobre la individualidad y las formas sociales]. Universidad Nacional de Quilmes.

 

Publicado el 5 de noviembre de 2026

 

[1] Ensayo final para la materias de Problemas Sociales Bolivianos, gestión I-2026.

[2] Estudiante de la carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés. E-mail: ivanbcabezas@gmail.com

[3] Se utiliza para describir a una persona de clase social alta, o que aparenta serlo, y que presume de su

dinero, estatus o estilo de vida ostentoso.

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Convocatoria 01/2026 Concurso de méritos para docentes investigadores interinos del IDIS Gestión 2027

El Instituto de Investigaciones Sociológicas “Mauricio Lefebvre” de la carrera de Sociología de la UMSA (IDIS) invita a los profesionales interesados en participar en el concurso de méritos para el cargo de docente investigador interino del Instituto, gestión 2027.

Las líneas de investigación a las que podrán postular las personas interesadas son: Población, urbanización, ruralidad, medio ambiente y migración; Políticas, sociedad civil, Estado y democracia; y Políticas públicas y sociales, género y derechos humanos.

La convocatoria también está abierta para las líneas de Incidencia y difusión de las investigaciones y actividades del IDIS; y Edición de investigaciones sociales del Instituto.

Las postulaciones deberán ser enviadas hasta el lunes 5 de octubre, a horas 12.00.

Los investigadores interesados en participar en las líneas de investigación 1, 2 y 4 pueden solicitar las pautas para la presentación de proyectos escribiendo al correo: idissociologiaumsa@gmail.com

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El IDIS lanza convocatoria para la elección del director/a del Instituto

El Instituto de Investigaciones Sociológicas “Mauricio Lefebvre” de la carrera de Sociología de la UMSA convoca a los docentes titulares de la universidad, al concurso de méritos para optar al cargo de director del IDIS por el periodo 2027-2030.

La documentación requerida deberá ser entregada hasta el lunes 30 de noviembre del presente año.

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EL PULSO DE TIAHUANACO EN LOS BLOQUEOS[1]

Cristian Antonio Huallpa Lipa[2]

 

Durante mi estadía en el pueblo de Tiahuanaco durante la reciente crisis social vivida en Bolivia entre abril y mayo de este año, pude observar de primera mano cómo los bloqueos afectaron la vida cotidiana de la población. En ese periodo, me encontraba atendiendo el alojamiento de mi mamá, que se encuentra en el pueblo, y fui testigo de cómo se acumulaban los días de bloqueo. Esta situación provocó escasez de productos de la canasta familiar, sobreoferta de productos en las comunidades rurales aledañas e incrementos extraordinarios en los costos del transporte. El acontecimiento evidenció que los bloqueos no solo constituyen una medida de presión política, también pueden propiciar mercados informales y otras prácticas que repercuten en la economía y la sociedad. Por ello, considero que los bloqueos alteraron profundamente las dinámicas cotidianas de Tiahuanaco: se produjeron cambios en la oferta y la demanda en La Paz y en Tiahuanaco, se elevaron los costos de transporte y se transformaron las actividades cotidianas de la población.

Lo primero que pude advertir es que, después de varios días de bloqueo, se modificaron la oferta y la demanda de productos: en la ciudad de La Paz se produjo escasez, mientras que en el municipio de Tiahuanaco se acumulaban productos agrícolas. Entre los primeros insumos que comenzaron a escasear estuvieron el gas y la gasolina. Ante la falta de gas, muchas personas optaron por cocinar con leña o con bosta. La escasez de gasolina también dificultó las labores agrícolas, por lo que algunos pobladores tuvieron que trabajar la tierra manualmente o con la ayuda de un toro. Además, los mototaxistas de la zona elevaron el costo de los trayectos debido a la falta de combustible (figuras 1 y 2).

Figura 1. Fila para la compra de gas después de 35 días de bloqueo  

Figura 2. Fila para la compra de gasolina después de 30 días de bloqueo

Observé que los productores de leche del municipio, al no poder transportar sus productos lácteos a los principales mercados, optaron por transformar la leche en queso para evitar pérdidas económicas. Del mismo modo, la carne de res comenzó a acumularse en el pueblo debido a las dificultades de comercialización, por lo que sus precios se mantuvieron bajos; en cambio, en la ciudad de La Paz, esos productos llegaron a duplicar su valor. Esta situación evidenció cómo las restricciones al transporte pueden provocar desequilibrios en los mercados locales y afectar tanto a productores como a consumidores.

Esta situación me recordó lo que vivimos mi mamá y yo durante la pandemia, aunque en un contexto diferente. Tanto durante una cuarentena como en un bloqueo, las necesidades básicas deben resolverse; por ello, las personas buscan mecanismos alternativos para obtener ingresos y acceder a los insumos necesarios.

Wanderley (2023) señala:

Un punto importante que hay que subrayar es que no todos los sectores han sido afectados de la misma manera. A octubre de 2020, según el Índice Global de Actividad Económica (IGAE), las pérdidas experimentadas por los sectores de la minería correspondían al 33,3%, la construcción al 32,6% y el transporte al 18,3%, mientras que la industria manufacturera, exceptuando a las industrias alimentarias, sufrió una caída del 15,7%. Otros servicios, que incluye restaurantes y hoteles, se vieron también fuertemente afectados, con una caída del 15,6%. El desempleo abierto subió del 4,8% al concluir el año 2019 al 10,8% en el segundo trimestre de 2020. En cambio, comunicaciones, agricultura, industria alimentaria y el comercio en supermercados y farmacias han sido poco sensibles a los efectos de la COVID-19 (p. 2).

Este análisis me llevó a relacionar aquella coyuntura con lo ocurrido durante los bloqueos. Durante la pandemia, muchos negocios cerraron y recurrieron a los servicios de entrega a domicilio para mantenerse económicamente activos, aunque algunos incumplieron las restricciones para generar ingresos. Durante el bloqueo ocurrió algo parecido: muchas personas tuvieron que adaptarse a la situación sociopolítica para reducir sus pérdidas.

Otra situación que se presentó fue la del transporte interprovincial. Tuve que viajar a la ciudad de La Paz en pleno bloqueo para abastecer de alimentos a mi familia y traer insumos que ya escaseaban en Tiahuanaco. Observé que los bloqueos incrementaron significativamente el costo del pasaje y favorecieron la circulación por rutas informales e improvisadas. Salí alrededor de las dos de la madrugada rumbo a La Paz y comprobé que el pasaje, cuyo precio habitual era de 12 bolivianos, llegó a costar 300 bolivianos, debido al uso de rutas alternas y a los riesgos que enfrentaban los conductores. Asimismo, en varios puntos de bloqueo, se exigían pagos para permitir el paso de los vehículos. Si algún conductor se negaba a pagar, corría el riesgo de que apedrearan su vehículo y de que los pasajeros perdieran los productos o equipajes que transportaban. Como consecuencia, se encarecieron los insumos y las mercancías trasladadas.

Rapoport (2011) explica la inflación de costos como un proceso en el que el encarecimiento de la mano de obra o de las materias primas lleva a los productores a aumentar los precios para mantener sus márgenes de beneficio. También señala que pueden existir procesos inflacionarios acompañados de estancamiento productivo (estanflación) o de desempleo estructural. Precisa, asimismo, que

la inflación de costos, que se produce cuando el costo de la mano de obra o de las materias primas se encarece y para mantener su tasa de beneficio los productores incrementan los precios. También pueden existir procesos inflacionarios con estancamiento productivo (la estanflación) o con una tasa permanente de desempleo estructural (p. 3).

Los bloqueos provocaron una alteración económica en la ruta hacia Tiahuanaco. Según mi experiencia, en algunos puntos, los bloqueadores esperaban hasta la noche para cobrar por el paso de cada vehículo, lo que generó un circuito informal de pagos. Así, además de pagar el pasaje para viajar y cumplir con las actividades cotidianas, los pasajeros debían afrontar cobros adicionales que contribuían indirectamente al sostenimiento de los puntos de bloqueo.

Algunos testimonios permiten comprender los efectos de los bloqueos sobre el transporte y el abastecimiento. Uno de los conductores con los que viajé señaló: “Transportar alimentos durante el día era muy riesgoso porque en algunos puntos de bloqueo podían quitarnos la mercadería y dañar el vehículo” (comunicación personal, 30 de mayo de 2026). Este testimonio ilustra cómo los bloqueos incrementaron los riesgos y los costos del transporte, y obligaron a algunos conductores a utilizar rutas alternas y horarios nocturnos para reducir las posibilidades de sufrir pérdidas materiales (figuras 3 y 4).

Figura 3. Mapa de la carretera entre El Alto y Desaguadero

Figura 4. Ruta alterna entre Tiahuanaco y El Alto

Nota. Cada punto negro representa un punto de bloqueo en el que se solicitaba un pago para permitir el paso. Según mi experiencia, el monto oscilaba entre 10 y 50 bolivianos, dependiendo de la carga transportada y del número de bloqueadores presentes. No documenté esos cobros por temor a posibles represalias.

 

Por su parte, uno de los huéspedes de mi alojamiento comentó: “Los transportistas nos cobraban más de lo habitual y en algunos casos nos dejaban en Tiahuanaco porque tenían miedo de continuar el recorrido” (comunicación personal, 18 de mayo de 2026). Ambos testimonios coinciden en que las restricciones y la inseguridad en las rutas afectaron la movilidad de las personas y encarecieron el transporte. De este modo, los bloqueos no solo dificultaron los desplazamientos, sino que también favorecieron la aparición de mecanismos informales que alteraron las dinámicas económicas y sociales de la región.

Por último, los bloqueos transformaron las actividades económicas y la vida cotidiana de la población, aunque sus efectos fueron desiguales entre los distintos sectores. Durante mi permanencia en Tiahuanaco, mientras administraba el alojamiento de mi mamá, aumentó la cantidad de huéspedes en comparación con mayo del año anterior. La llegada de personas varadas en la carretera elevó los ingresos por hospedaje y, según lo observado, los alojamientos del municipio llegaron a estar llenos. Otro sector que recibió más demanda fue el de los talleres mecánicos, debido a la llegada de viajeros cuyos vehículos, motocicletas o bicicletas habían sufrido problemas al transitar por rutas alternas.

También observé que los dirigentes de la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz “Túpac Katari” difundieron comunicados públicos para convocar a más personas a los puntos de bloqueo. Según lo que presencié, cada familia debía enviar a un representante; de lo contrario, podía exponerse a multas impuestas por la organización local. En varias familias, una mujer asistía en representación del hogar y la participación se controlaba mediante listas. De acuerdo con lo observado, la multa por no asistir podía llegar a 150 bolivianos.

Figura 5. Mujeres en un punto de bloqueo

Figura 6. Comunicado de la zona Centro

En síntesis, los bloqueos registrados durante mayo de 2025 alteraron significativamente las dinámicas económicas y sociales de Tiahuanaco. La interrupción del transporte modificó la oferta y la demanda: en el municipio se acumularon productos como carne, leche y queso, mientras que en la ciudad de La Paz hubo dificultades de abastecimiento y aumentaron los precios. En las comunidades rurales también escasearon el gas y la gasolina. Al mismo tiempo, algunos sectores como los alojamientos y los talleres mecánicos recibieron una mayor demanda, mientras que productores y consumidores afrontaron pérdidas o mayores costos. Por tanto, los efectos económicos de los bloqueos fueron desiguales.

En conclusión, mi experiencia durante los bloqueos me permitió comprender que sus efectos trascendieron el ámbito político y repercutieron directamente en la economía y la vida cotidiana de la población. Las dificultades de abastecimiento, el aumento de los precios y las limitaciones para desplazarse evidenciaron la estrecha relación entre las comunidades rurales y los centros urbanos. Considero que cualquier medida de presión debe analizarse no solo por sus objetivos políticos, sino también por las consecuencias económicas y sociales que genera en las personas que dependen diariamente de estas rutas para trabajar, abastecerse y mantener sus actividades cotidianas.

 

Referencias

Rapoport, R. (2011). Una revisión histórica de la inflación argentina y de sus causas. https://bit.ly/4kpwyTO

Morales, J. A. y Wanderley, F. (2023). Reactivación económica. En Morales Anaya, J. A. Wanderley, F. Baudoin, Farah, I., Losantos, M., Arias Uriona, A. M., Villca Limaco, A., Toranzo, C., Calvo, Koch, F., Dávalos Vela, G. Tamburini, L., Ortiz, L., Calvo, L. M., Miranda, M., Novillo, M., Muñoz, P., Carvajal, R., Flores, S. y Saavedra, S., Bolivia debate un futuro sustentable (pp. 4-10). Universidad Católica Boliviana “San Pablo”; Fundación Jubileo; Plataforma Digital “La Pública”.

 

Publicado el 30 de octubre de 2026

 

[1] Ensayo final de la materia Lenguaje y Redacción Básica, gestión 2026-1.

[2] Estudiante de la carrera de Estadística de la Universidad Mayor de San Andrés. E-mail: crisantoguall@gmail.com

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Conversatorio sobre universidad, interacción social y desarrollo municipal

Conversatorio sobre universidad, interacción social y desarrollo municipal

¿Cómo se vincula la universidad con la sociedad? ¿Qué aportes puede realizar la academia al desarrollo de los municipios? ¿Cómo contribuyen la investigación y la formación profesional a responder a las necesidades del territorio y la comunidad? ¿De qué manera los estudiantes pueden articularse a proyectos en marcha para fortalecer sus conocimientos a través de la acción?

Con el propósito de reflexionar sobre estas cuestiones, el Instituto de Investigaciones Sociológicas (IDIS) de la carrera de Sociología de la UMSA organiza el conversatorio “Del aula al territorio local”, un espacio de diálogo e intercambio de experiencias sobre el papel de la universidad en los procesos de desarrollo local. El evento se realizará el miércoles 28 de octubre del año en curso, a las 09:30, en el auditorio de la carrera de Sociología de la UMSA.

La actividad permitirá conocer las experiencias y metodologías de trabajo del Instituto de Desarrollo Regional y Desconcentración Universitaria (IDR-DU) de la UMSA en los municipios rurales, así como el proyecto que desarrolla la carrera de Sociología, a través del IDIS, en el municipio de Viacha, orientado a fortalecer la modalidad de graduación de Trabajo Dirigido y promover la participación de estudiantes en diagnósticos, investigaciones y acciones que contribuyan a la planificación social del desarrollo municipal.

El evento contará con la participación de Erick Rivero, director del IDR – DU, y de Fidel Rojas, investigador del IDIS y docente de la carrera de Sociología, actualmente a cargo del proyecto “La carrera de Sociología en los municipios: Fortaleciendo el Trabajo Dirigido”, junto a su equipo de investigación. A través de las exposiciones y de un espacio de preguntas e intercambio con los asistentes, se abordarán los desafíos y las oportunidades de la presencia universitaria en los municipios, destacando la importancia de articular la formación académica, la investigación y la interacción social con las necesidades de la sociedad.

El evento está dirigido a estudiantes (especialmente del primer al tercer año de Sociología), docentes, comunidad universitaria y público interesado en la relación entre universidad, sociedad y desarrollo local.